Comer con los ojos es una expresión que usamos cada vez que algún producto o alimento nos conquista antes por la vista que por el paladar. Al queso, además, se le añade el factor olfativo ya que su rico olor nos seduce a través del olfato antes de llegar al estómago. Pero ¿y la forma de un queso? ¿nos conquista? Si para gustos se hicieron los colores (y los sabores), ¿por qué no iba a hacerlo?

¿A quién no le ha llamado la atención un queso por su peculiar forma? Muchos quesos tienen una particular forma de presentación: con agujeros, de corteza blanda, en forma de tetilla… y tantas otras variedades presentes en los cientos de quesos del mundo. El Queso Manchego no se caracteriza por tener, a grandes rasgos, una forma demasiado original ni curiosa, pero sin embargo es uno de los más agradecidos a la hora de comerlo. Ha llegado el momento de que dejes que el Queso Manchego te conquiste primero por su presentación y ya después vendrá todo lo demás.

 

La forma del Queso Manchego

 

Es cilíndrica, con las caras sensiblemente planas, aunque en ocasiones pueda observarse una ligera convexidad en ellas: no debemos olvidad que el queso es un producto vivo, con actividad en su interior. Las caras laterales tampoco son totalmente rectas, presentan una leve curvatura por la razón ya comentada. Pero el aspecto general de un queso manchego es muy armónico, con el dibujo en zig-zag característico de la “flor” en las caras planas y el de la “pleita” en la cara lateral.

 

La corteza, por su parte, debe ser dura libre de parásitos y de color amarillo pálido o verdoso-negruzco. Quizás no te hayas fijado en la presencia de una especie de ojos pequeños desigualmente repartidos. Puede que este punto diferenciador tu queso no lo lleve, ya que puede carecer de ello.

 

Si buscamos afinar el detalle, el Queso Manchego puede tener una altura máxima de 12 cm y un diámetro máximo de 22 cm. Pesará como mínimo 0,4 kg y como máximo, unos 4 kg. Y si queremos conocer cuáles son las características organolépticas, atenderemos al sabor y al olor. En la boca su sabor ligeramente ácido, fuerte y sabroso se transforma en picante en quesos muy curados. El gusto residual agradable y peculiar que le confiere la leche de oveja manchega le aporte una elasticidad baja, con sensación mantecosa y algo harinosa, que puede ser granulosa en los quesos manchegos muy maduros.

 

¿Importa la forma de un queso en su sabor?

 

No hay duda de que un queso bien cortado sabe mejor. Hablamos de la importancia de saber cortar perfectamente un Queso Manchego empleando la técnica correcta y el cuchillo adecuado. Tratar bien el producto y hacer el corte adecuado predispone al consumidor a valorarlo positivamente.

Como es obvio, el queso debe mantener su aspecto externo aunque se corten sucesivas cuñas para su consumo. Con objeto de que no se deteriore y mantenga sus excelentes propiedades, hay que conservarlo en perfecto estado. Fíjate en las 7 claves cuando vayas a comprarlo al mercado en tu quesería de confianza, así no habrá duda de que estás comiendo el único Queso Manchego.

Ahora que ya sabes cómo es un Queso Manchego auténtico, por dentro y fuera, sólo queda la mejor parte: probarlo. ¡A disfrutar!

 

 

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